mi experiencia

Relato de nuestra paisana Teodoro Fernandez Miranda

jueves 13 de mayo de 2010


...Campamentos Saharauis...Mi experiencia en la Hamada Argelina...EL DESIERTO DE LOS OLVIDADOS...

...Volví de mi viaje a los campamentos saharauis, después de ir adaptándome poco a poco al regreso, me gustaría plasmar lo que he vivido y visibilizar la desastrosa situación en la que vive actualmente (y desde hace ya 34 años) el pueblo saharaui, como homenaje a Hanna, mi niña, a todos sus niños y a toda esta fantástica gente que he conocido y que día a día lucha por sobrevivir en el desierto. Los momentos vividos y los recuerdos se enfrentan a la realidad. El desierto, las jaimas, el calor, el siroco, sus noches heladoras y estrelladas...Pero, ante todo he vuelto con la certeza de haber sido testigo de una profunda injusticia...Volveré a encontrarme con todas esas personas extraordinarias que me acogieron, con quien a pesar de no tener nada...me lo han dado todo. Inmensamente pobres, y la misma inmensidad en sus corazones, derrochando alegría, generoridad, ganas de que nosotros que " lo tenemos todo" nos sintieramos a gusto y felices en su humilde jaima.... 

Después de más de 4 horas de vuelo, (ya que se tiene que rodear Marruecos al no poder sobrevolar el espacio aéreo de este país por razones obvias), llegamos a Tindouf donde nos esperaban miembros del Frente Polisario con una "flotilla" de autobuses y camiones (donados por algunas comunidades autonomas, sobretodo por el gobierno vasco) para transladarnos a nuestras wilayas, donde estan nuestros niños y sus familias, uno de los lugares considerado como el más inhóspito de la tierra, para mí...el momento donde acaba el ultimo control argelino y el asfalto y comienza el desierto, esa fina linea...es un terrible choque emocional entre dos realidades...Al ir acercándote a los campamentos, una extraña sensación va invadiendo tu cuerpo poco a poco. Te vas sintiendo cada vez más aislada, como una transición entre dos mundos, son muchos kilómetros de arena. 
Nada más, arena y piedras.
Nos encontramos un desierto desolador, donde vive gente de ninguna parte, arrancada su tierra y su identidad, solo les quedan sus grandes sonrisas y sus ganas y empeño por recuperar aquello que un día les fue robado...su esperanza.
Solo guia el camino y nos envuelve una maravillosa cúpula de estrellas mientras las negras siluetas de las jaimas se recortan sobre el horizonte. Al llegar al campamento te sientes como un pequeño bote en mitad del océano, solo, aislado, olvidado. A merced de las olas. Es de madrugada y el frio y con él la arena, te recorre todo el cuerpo.
“Ahora conozco, porque la he vivido... la dura, terrible y sufrida realidad de un pueblo que anhela volver a su tierra, una tierra que no nos queda más lejos que Canarias y cuya verdad se abre camino a pesar del olvido".




En mitad de la nada, en mitad de una tierra ardiente y estéril de dia..y congeladora de noche...se alza el pueblo saharaui, alli me espera mi niña y su familia, mi familia... con su inigualable y extraordinaria hospitalidad...
el cielo nocturno del desierto me deja sin respiración.
Allí han levantado sus campamentos y viven más de 200.000 personas.
El calor y el frio se suceden vertiginosamente, como el sol y el viento.
Una cabra camina fatigada entre las jaimas, entre las casas de barro.
A mediodía la vida se detiene, no se ve a nadie, el sol es demasiado fuerte y todos esperan en sus jaimas que la tarde entre y se vaya sumergiendo poco a poco en el frio de la noche.
Los niños juegan en la arena, sin videojuegos ni elaborados juguetes, se tienen a ellos mismos y eso basta. Su alegría contrasta con su situación, dura y penosa, en mitad de la nada.
Se levantaron sus jaimas, sus casas de adobe, crecieron colegios y algo parecido a hospitales, casas de ancianos, escuelas de mujeres y guarderias donde hasta una pequeña planta tuvo la osadía de hacerse un hueco en aquel infierno.
Y así creció el pueblo saharaui, entre la esperanza y la resignación, entre la muerte y la vida, atrapados en el pasado, soñando con un futuro que no llega.
Y entre tanta ausencia y vacio, su sonrisa, su fuerza. Parece increíble pero allí está, inquebrantable. Un pueblo de paz y esperanza, esperando que se haga justicia, marginados y olvidados.
Al pasear por la wilaya, todo parece mentira, las casas, la gente, las cabras, no parece ser real. Es un decorado, un escenario, te repites una y otra vez, no puede haber gente viviendo aquí, pero así es, aquí están.
Al caer la noche, la belleza del lugar te hace olvidar el infierno y a la vez la sensación de irrealidad aumenta. Mil y una estrellas rodean los campamentos, las jaimas descansan, dentro todo se comparte... y llega el silencio, un silencio olvidado en Europa, inexistente. Aquí aún resiste, solo el viento se atreve a romperlo.
Dudas si viajaste en el espacio o en el tiempo. Si recorriste kilómetros o siglos atrás. La vida se detuvo un día para los saharauis, en el desierto de los desiertos, entre la arena, entre las dunas.y en vez de avanzar, el tiempo les obligó a retroceder hacia el pasado negándoles un futuro que les pertenece.
Tan solo espera, con calma y un té entre sus manos, que algún día se haga justicia y la vida vuelva y los saharauis puedan crecer en paz y libertad y el futuro robado les sea devuelto.
Tan solo esperan.
Tan solo esperan.
... ¿hasta cuando? ...

Sólo su dignidad me alienta, dignidad en la miseria, dignidad en la pobreza, también su compromiso paciente. No puedo ser ya, indiferente a la causa de esta gente. Trabajaré con los escasos medios de una ciudadana de a pie, pero con la convicción de que la justicia y la verdad se abran al fin camino.
Allí se ve más con el corazón que con el resto de los sentidos. Los campamentos son así, te cambian la vida.
Ellos sin nada, me han regalado sonrisas, cariño, amistad , y lecciones de humanidad, algo que el dinero nunca podrá pagar.
Han sido 7 dias absolutamente inolvidables y muy gratificantes, he sido colmada de atenciones, agasajos, detalles y regalos...pero sobretodo mi estancia en su casa me ha ayudado a comprender un poquito mejor la vida de esa niña que viene a casa en verano y que su único sueño con solo diez años es tener "un pasaporte",
esa niña es Hanna...mi niña.
Momentos que quedarán para siempre en mi mente y en mi corazón.

Casi sin darnos cuenta, llegó el día de volver a casa. Los recuerdos de los momentos vividos en nuestra jaima, en esa casa que siempre estará abierta para mi..., me hacen reflexionar sobre la durísima lucha de este pueblo por su supervivencia desde su exilio en el desierto y que siguen soportando unas condiciones de vida infrahumanas con una admirable dignidad.
La despedida de mi niña, de nuestra familia y de los amigos que allí hemos dejado, ha sido muy dura...como era de esperar...no faltaron las lágrimas...deseando sinceramente, que la próxima vez que los visite, lo haga en sus propios territorios liberados. O, como ellos dicen y se entenderá perfectamente la frase mirando un mapa...
-que la próxima vez que nos veamos, realicéis el viaje por mar.-
Juntos hemos hecho camino, camino de ése que se hace al andar construyendo sueños.

Ahora que nosotros estamos a las puertas de Navidad, abro mi mochila y encuentro todo lo que me he traido...me traigo su paciencia, la lucha por su supervivencia, su tenacidad, la alegria en sus corazones, esas sonrisas que ni el desierto ha podido borrar...su calor humano, hospitalidad, amistad y todo lo que los saharauis dán a sus huespedes, esa lección con la que mi familia saharaui y el resto de su pueblo se enfrenta cada día, soportando una vida tan dramática sin un ápice de odio ni rencor.
"Así que después de ir al Sáhara te cuesta volver a casa".

SHÚKRAN de corazón a mi familia saharaui y a todas las gentes de esa inmensidad...porque me han dado otra visión del mundo y de las que he aprendido tantas, tantas cosas....que la gente tiene ideas, tiene fuerza y tiene ganas, y que por eso no han de quedar en el olvido.
Que los acompañaré hasta la victoria siempre y que la lucha continúa desde España, desde los campos de Tindouf, y desde las tierras ocupadas.
Que espero que las cosas cambien y que deseo poder volver muy pronto...
pero volver a un...
¡¡¡Sahara Libre!!! y decirles que son simplemente...¡¡GRANDES!!
 
 
 
Una vida diferente en 60 días por Teodora Fernandez
Una vida diferente en 60 días
Soñar con ver el mar, con comer carne y pescado fresco y con tener una buena salud son ya realidades para los niños saharauis que pasan sus dos meses de verano en Almería

La página más deplorable de la historia española contemporánea», como así lo han querido llamar muchos historiadores, tiene como personajes principales a los abuelos de los niños saharauis que actualmente pasan sus dos meses de verano en España. Estos abuelos tuvieron que sufrir el injusto maltrato que recibieron por parte del pueblo español.
El Sáhara fue colonizada por los españoles y abandonados tras la ocupación de Marruecos. Ahora son estos niños, los que colonizan nuestros corazones, pero ellos no tienen intención de abandonarnos. Son los embajadores del Sáhara. Niños a los que por causas del destino les ha tocado vivir 'condenados' en campamentos de refugiados al sur de Argelia.

Khadija y Hanna viven en Auserd, un campamento de Tindouf. Desde hace ya algunos años, desde Junio hasta Agosto, nosotros somos sus nuevos padres y mis hijos, sus hermanos, os puedo asegurar que «es una experiencia inimaginable» además animo a todos los españoles a que acojan a estos niños en sus casas.
Son crios, de apariencia débil pero con una gran fuerza vital, fuertes y agradecidos con la oportunidad que le damos. "Comparten todo lo que tienen y aprenden rápido"
Khadidja ha pasado cinco veranos en España y Hanna, mi "Hannilla", como cariñosamente yo la llamo, es el tercer año que ya pasa con nosotros, en casa...Cuando llegó por primera vez, no sabia hablar español y nadie puede imaginar cuanto y como lloraba!! . Aunque al principio solo queria irse, disfrutaba a cada minuto de las cosas que allí no tiene y cuando llegó la hora de irse ...lloraba, pero porque no queria volver a "su realidad".
Los abuelos de estos niños son los únicos que conocen el mar y esos recuerdos es lo poco que les queda para hacerse una pequeña idea de él, «vienen asustados porque en sus casas les dicen que 'el agua es la muerte', pero parece ser que al segundo baño ya se les ha olvidado y son los padres españoles los que casi tenemos que decir la misma frase para que tengan más cuidado».
Una de las cosas que más les llama la atención es el supermercado, «se sorprenden con la cantidad de productos que hay, la fruta, la carne, con el pescado, con las luces, y con el resto de cosas que nunca hubieran imaginado que existían».

Mi "Hannilla" ha llegado sana a Almería, sólo ha tenido que ir al médico por parásitos en el estómago debido al mal estado del agua y de los alimentos que ingieren allí. Durante su estancia también irá al oftalmólogo (debido a su dura vida...trae arena en la mucosa de los ojos), al dentista y al pediatra.
La atención sanitaria en Tindouf es muy mala, las condiciones de salud que tienen la mayoría de los habitantes son pésimas....
Uno de los principales objetivos del Programa "Vacaciones en Paz ", es cubrir todas estas carencias sanitarias para que los niños vuelvan a sus casas sanos y puedan afrontar otro año más de penurias.
«Estos niños estan tan acostumbrados a no tener nada, que comparten todo lo que tienen, cuando llegan después de pasar los dos meses en España, en vez de quedarse con las cosas que sus padres de acogida les hemos comprado, las reparten entre todos».
Cuando aterriza en España un grupo de niños saharauis, pronto «te das cuenta de quiénes la visitan por primera vez y quiénes ya ha venido» . Esto se observa en el momento de subir unas simples escaleras. Son crios que están acostumbrados a andar en una superficie plana y el único escalón que tienen que subir es el de la camioneta, por eso no saben como poner las piernas para subir escaleras....
Los helados, el chocolate, los plátanos, los grifos, los interruptores, las bañeras, etc son las cosas preferidas por los niños. Cosas básicas para nosotros y cosas casi galácticas para estos niños que no conocen la electricidad.
A Hanna le encantan los plátanos y la "nocilla ", pero lo que más le gusta es el mando de la televisión con el que se puede pasar horas y horas...

En definitiva, es una experiencia única, tanto para los niños como para las familias que año tras año los acogemos en nuestras casas.

Desde mi experiencia como madre de acogida, todo mi cariño para mis niñas Khadidja y Hanna. ¡¡ OS QUIERO !!